En el reino animal todos podemos ser lanificio

La cantidad de opciones en cuanto a textiles con que hoy contamos es enorme, podríamos decir que no necesitamos más, sin embargo, la industria nos demuestra constantemente que siempre podemos encontrar algo nuevo que, a veces triunfa y a veces no; esto resulta en que antiguamente existieron materiales que no llegaron hasta nuestros días por distintas razones, y es a pensar en ellos que queremos dedicar este espacio como parte de la continua reflexión en torno a la tecnología que envuelve (literalmente) nuestro mundo sibarita… sí, la tela es tecnología.

Los orígenes de la vestimenta son todavía algo oscuros, pero para nada poco estudiados, sabemos que existen en general dos posturas, una que habla de que su creación se debe a la necesidad de proteger al cuerpo de las inclemencias del tiempo; la otra afirma que en sus inicios la ropa fue pensada como una forma de adornar al cuerpo y más cercana a lo ritual que a lo práctico. Para el momento en que escribimos este texto, y yo creo que cuando menos en lo que resta de la semana, la función ritual, de embellecimiento y la de protección se mantienen hermanadas en lo que llevamos sobre nosotros.

Comentamos el origen y actual función de la vestimenta porque muchas veces esto ha determinado el textil para su fabricación, como sociedad algunas veces queremos lo ritual, algunas veces lo funcional, algunas veces lo horripilante (fast fashion).

Gracias al mamut

La extinción se hizo cargo de este bello animal y, claro, del textil, por ello no llegó hasta nuestros días, pero era utilizado por los primeros seres humanos para confeccionar prendas ya que el material estaba caracterizado por su grosor, calidez y resistencia. Lo anterior permitía, además de crear prendas, usar la piel para con ella hacer refugios.

La piel y el pelo del mamut prácticamente sólo viven en nuestra imaginación en la actualidad, aunque afortunadamente todavía contamos con algunos restos momificados de ejemplares del animal y de su pelaje; por lo demás, casi nada bueno le ha pasado ya a nuestra relación con el mamut.

Suave piel de pelícano

Los seris (konkaak o comca’ac), son un pueblo originario del norte de México y siguen habitando en la zona del estado de Sonora, parece una obviedad, pero ya sabemos que no lo es porque en este mundo de colonizadores… bueno, pues como una cultura con estrecha relación con el mar, crearon su mundo con los materiales que la naturaleza del lugar proporcionaba, así fue como comenzó a trabajarse con la piel de pelícano.

El mencionado material ha sido utilizado por los seris como vestimenta y como forma de recubrir y dar suavidad a sus espacios de descanso. Un ejemplar de este textil se encuentra exhibido en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México, y sin duda, no es sólo práctico, también es bello.

Actualmente el uso de la piel de pelícano se practica en baja escala y más tiene que ver con expresiones culturales entre los seris, que con una forma de crear telas para la vida cotidiana.

El ser humano ha sido textil

Podemos crear textiles de casi cualquier cosa de origen natural, incluso de cosas sintéticas, por tanto, también de piel humana; esto lo decimos no para promover algo sino porque en la historia este fenómeno ha ocurrido.

Formalmente si hablamos de textiles de origen humano, hablamos de un producto de origen animal, pero que, a diferencia de muchos de estos, siempre ha tenido un lugar en mundo de lo extravagante, por su escases y por el innegable tabú que existe en torno al uso de la piel humana como mercancía en general… aunque esto no impidió cosas como la esclavitud en su momento…

Los textiles que tienen por origen al ser humano han aparecido en distintas formas a lo largo de la historia, por ejemplo, en la encuadernación, específicamente en la práctica conocida como bibliopegia antropodérmica en la que se forra con piel humana la tapa de ciertos libros, esto principalmente por excentricidad y en un contexto en el que algunos se cuestionaban si todos los humanos éramos personas. No dejemos de lado que esta práctica es bastante reciente, pero que, entra en este listado de ejemplos porque “ya no existe”.

San Bartolomé

Vamos a dedicar unos renglones a propósito de lo anterior para recordar que San Bartolomé es patrón de quienes trabajan las pieles y llegó a tener este reconocimiento a partir de su martirio en Armenia, en el cual fue desollado vivo. Sí, tenemos días de morbo, pero la iglesia católica evidentemente también.

Zoonosis

La mención especial de hoy es para el pangolín, su piel fue utilizada para confeccionar prendas en algunos casos, incluso se cuenta en un museo con una cota de malla hecha de las escamas de este tiernísimo animal.

La comercialización del pangolín está ya prohibida por estar en peligro de extinción y en la actualidad lo que se llega a consumir de él (de forma ilegal), es su carne, situación de la que se tiene la teoría en la que el pangolín fue parte de la cadena de animales huéspedes del famosísimo SARS-CoV-2, COVID-19.

El próximo textil en desaparecer

En cien o doscientos años habrá nuevos textiles, pero todo indica que también algunos ya no existirán, unos para bien, otros para mal.

¡Cuéntanos cuál es tu tela favorita o cuál de las ya desaparecidas te habría gustado probar!

Araceli Ruiz