¿Exceso de gato, exceso de perro?
El pelo de la mascota en las prendas

Hasta este momento de la historia queremos vivir vestidos, salvo por algunos muy valiosos momentos en los que es invaluable despojarnos de nuestros ropajes y apostar todo al trabajo que la genética y la evolución han hecho con nuestro cuerpo; pero también vivimos en un tiempo, que ojalá dure para siempre, en que gustamos de convivir con animales no humanos en casa, principalmente hablamos del gato y del perro.
Todo lo anterior convive en “perfecta” armonía hasta que tomamos nuestro saco o pantalón favorito y… está lleno de pelos de la mascota, lo cual, para algunos, y lo entendemos, es un muy serio problema que a veces lleva a explorar la posibilidad de quitar saco al pelo, y no pelo al saco.
Comencemos por ofrecer soluciones prácticas e inmediatas, y luego otras que, tal vez no resuelvan, pero llevarán a iniciar el camino de la aceptación del pelo de gato y perro en la vida y en la ropa.

Mantener de manera pulcra nuestras prendas es lo deseable siempre, pero hay que mantener la conciencia de que la realidad siempre se interpone y que la vida diaria desgasta las prendas, con algunos hábitos más, con algunos hábitos menos. Podríamos ir por lo fácil y decir siempre “que vaya a la tintorería”, pero como hemos comentado es un proceso agresivo que recomendamos usar lo menos posible; lo que queda entonces son los métodos mecánicos: fricción, tal cual, esto sabiendo que toda fricción, incluso la que ejerce el cuerpo sobre la ropa, desgasta.
Aquellas prendas que pueden ir directamente a la lavadora tienen como opción el uso de cápsulas y filtros que atrapan el pelo con cierta efectividad, pero ¿qué queda para nuestra ropa sastre?
Un cepillado a conciencia con el cepillo adecuado tiene la capacidad de retirar una buena cantidad de pelo de perros y gatos de nuestras prendas. Pasar un paño húmedo, sólo húmedo, es otra vía que ofrece buenos resultados en el caso que nos ocupa.

Podemos también recurrir a la tracción, usando un rodillo con cinta adhesiva, ampliamente disponible en el mercado, para lograr un buen nivel de pulcritud en sacos y pantalones.
Ya que es imposible experimentar exceso de gato o exceso de perro, siempre nos quedará la posibilidad de adoptar mascotas sin pelo, con escamas, por ejemplo, pero es valioso recordar que vestimos para vivir, y para vivir con lo que queremos.

Históricamente se sabe que la vestimenta no se creó exclusivamente para protegernos de las inclemencias del tiempo, sino que también respondió a la par a la necesidad de marcar nuestra identidad y de acompañarnos de forma ritual; la vestimenta desde momentos muy primarios de su aparición habla de la experiencia de vivir en el mundo, y desde aquí decimos que, si esa experiencia incluye, claro que sí, a los animales, pues bienvenidos sean, no por nada han sido inspiración para nuestra vestimenta y sería enormemente hipócrita fingir que su paso por nuestra existencia es completamente aséptica.
Buscar mantener el pelo de la mascota a raya en nuestras prendas es loable y deseable; tratar de fingir que no existe en nuestra cotidianidad es estéril. Del mismo modo que el traje de lino siempre se arrugará y mostrará sobre nosotros las características líneas de este hecho, la convivencia con lo que amamos dejará su huella.

Araceli Ruiz