Nos reunimos para comer, comemos para reunirnos: El mole a medida

El Mole Sartorial nos reunió el pasado 25 de octubre, nos veíamos fantásticos, bebimos con denuedo, disfrutamos de experiencias y espacios únicos, todo esto en torno a la comida, nuestro pretexto anual ¿Por qué la comida nos reúne? ¿Por qué la comida es una ceremonia? De estas preguntas y sus respuestas queremos hablar hoy.
Comer tiene como fin, obviamente, permitirnos sobrevivir (si no lo han puesto a prueba mejor no lo hagan), dotar a nuestro organismo de lo necesario para realizar sus funciones fisiológicas, pero la razón por la que comemos y lo que comemos también pasa por lo social, decantarnos por comer una u otra cosa es la elección de un estilo de vida.
Comer une la satisfacción de necesidades físicas y el placer, se trata de un medio, delicioso, con el cual socializamos y creamos vínculos; por lo regular, para convocar a los amigos, la familia, los clientes y socios elegimos una actividad (comer), y algún platillo o tipo de alimento sobre el que hay consenso en su valor en todo sentido, podemos decir que es el primer síntoma de la capacidad que tiene pare crear convenios.

El fin de semana pasado todos estuvimos de acuerdo, un año más, en que el mole es un platillo indiscutiblemente exquisito, protagonista, y culturalmente invaluable, con el que rendimos homenaje a nuestra cultura, a nosotros mismos, y al propio mole. En esta ocasión el platillo fue preparado por Amarte, que nos deleitó con un mole oaxaqueño elaborado con el propio chocolate de la marca, que tiene entre sus particularidades el haber sido diseñado para evitar reacciones alérgica, haciendo accesible la experiencia de sabor del chocolate y del mole.
Para que la ceremonia del mole estuviera completa, en el evento se eligieron bebidas a la altura del momento; nos recibió The Dalmore, whisky single malt, en una selección pensada para acompañar el platillo y la cata de puros posterior, de Don Luis Anaya. Durante la comida el mezcal Makeva originario de Miahuatlán, Oaxaca, redondeó la experiencia.
Nuestros comportamientos en torno al comer son en gran parte conscientes y colectivos, de ahí surgen las elecciones que hacemos sobre nuestros alimentos; la sociedad y la cultura son determinantes al sentarnos a la mesa.

La comida es punto de contacto, no sólo con el otro como individuo, sino también como grupo, como cultura; es mediante esta que muchos tenemos nuestro primer acercamiento a otros entornos, sus sabores, ingredientes, modos de preparación y hábitos de consumo hablan de la gente que le ha dado origen. Una forma de expresar lo complejo del acto de comer es que lo hacemos para sobrevivir, pero también para realmente vivir.
Comer es ceremonia, las implicaciones que tiene en nuestra subsistencia la han ido llenando de misticismo, sin embargo, no podemos olvidar que los tiempos cambian, y así como en algún momento apareció el fast fashion, también apareció la comida rápida, acorde con una época en la que el dinero que podamos hacer con nuestro tiempo es la relación más importante, lo que nos ha llevado a llenarnos de actividades desarrolladas en pequeños fragmentos de tiempo, sin adentrarnos lo suficiente en ninguna.

En respuesta a lo anterior es que el Mole Sartorial, creado por La Buena Hechura, nació, buscando devolver al acto de comer su ceremonia, su capacidad para vincularnos, su suficiencia para sorprendernos, en esta ocasión, recibiéndonos con un whisky, comiendo mole y maridándolo con mezcal.
Cada comida es un momento especial y cada invitación a comer es un invitación al disfrute, al mundo del otro, que no debe, por motivo alguno, dejarse pasar.
Nos vemos el próximo año para degustar lo mejor de lo mejor con todos los sentidos.
Araceli Ruiz