Todo este color mexicano debe estar en tu vestimenta

El uso de variedad de colores en México es una expresión de identidad que en nuestro país podemos ver en todos los objetos que nos rodean, en las construcciones que hacen nuestras ciudades y pueblos, así como en la vestimenta que llevamos, porque si bien el atuendo que usamos en la actualidad es indudablemente producto de la homogeneidad de la cultura occidental, el toque de diseño, en particular de color, que en México le imprimimos, es único.
Hace un par de meses tuvimos el honor estar en Casa Holland & Sherry celebrando el décimo aniversario de La Buena Hechura, y como parte de las conversaciones en torno a dicha celebración hablamos sobre qué hacía al estilo sartorial mexicano, y en torno a esto los representantes de la marca británica nos comentaron que desde su punto de vista se trata de un estilo en formación, pero con elementos ya muy reconocibles, entre ellos, tal vez el más definido, es el uso del color: combinaciones arriesgadas y llenas de vida, indudablemente elegantes que no suelen verse en otros puntos de interés sartorial en el mundo.

¿De dónde viene esta característica que quienes vivimos en este lugar tenemos tan asimilada como parte de la vida cotidiana? ¿Cómo la creamos?
En Mesoamérica las civilizaciones originarias usaban desde el periodo preclásico color en las esculturas que creaban, dichos colores eran principalmente café rojizo, azul y amarillo, con esto representaban la enorme cantidad de colores que les rodeaban de forma natural, además de que utilizaban tinturas que podían obtenerse de elementos del entorno.
Lo anterior nos recuerda que las esculturas y las edificaciones que han quedado como vestigio en nuestro país no eran de un solo color como ahora las vemos, sino que estaban cubiertas de una rica variedad de colores, que, además, tenían simbolismo.

La tradición del color en nuestro país fue cambiando con la llegada de los europeos, las estructuras se centraban en mostrar esculturas en relieve que mantenían el color de los materiales, sin embargo, la ropa que se vestía en lo que hoy es México no dejó de mostrar la variación de colores que caracterizaba (y caracteriza), el entorno natural, así como el cultural del que todavía se tenía memoria.
Siguiendo la pista del color en nuestro país damos un salto, grande, peligroso, pero muy necesario, a la primera década del siglo XX, en donde podemos encontrar el inicio del muralismo, indiscutiblemente plagado de colores como lo fueron, principalmente, verde, rojo, amarillo, naranja y negro, estos en perfecta armonía como cualquiera que ha observado un mural de Siqueiros, Rivera u Orozco, ha podido comprobar; aquí hacemos una pausa para sugerir un atuendo inspirado en dichos colores cuya elegante relación está ya probada.

A mitad del siglo XX el muralismo se terminó de encontrar con la arquitectura, llenando de color espacios de todo tipo, instituciones gubernamentales, mercados, escuelas, claro ejemplo es la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México, y así finalmente llegó el momento en que el propio color, más allá de las formas creadas con él, se apoderó de las estructuras.
Arquitectos como Luis Barragán explotaron el color al máximo en estructuras como las Torres de Satélite, Mathias Goeritz lo hizo con el Museo Experimental El Eco y con su escultura para la Ruta de la Amistad, Ricardo Legorreta hizo gala de la importancia del color en la esencia de lo mexicano con el hotel Camino Real en Polanco. Los anteriores son sólo algunos ejemplos, pero la explosión de color podemos igualmente verla y disfrutarla al interior de cualquier mercado en México, en variedades interminables que viven en frutas, verduras, plantas y la propia vestimenta.

El Rosa mexicano
En este texto queremos remarcar con un ejemplo claro, bueno, no es claro, es intenso, es bugambilia, la importancia del color en lo mexicano. En 1949, durante un desfile de modas en la ciudad de Nueva York, y como parte de un largo trabajo encaminado a definir las características de la “moda mexicana”, el diseñador Ramón Valdiosera explicó que el color predominante en la colección que presentaba era uno enormemente presente en nuestro país, en la pintura, en los juguetes, en la vestimenta, etc. Lo anterior dio origen a que en los Estados Unidos se definiera en los medios al color rosa que vemos en las bugambilias, como el Rosa mexicano.

Este texto tiene como intención resaltar la forma en que el color impacta en la vida diaria de México, pero es también una serie de ejemplos que sirven como inspiración para vivir combinaciones que en otras latitudes podrían considerarse inesperadas, pero que aquí viven de forma natural y siempre muy elegante.
El rosa y el negro en nuestro país son amigos, el rojo el azul y el verde salen por ahí a caminar por la Ciudad Universitaria, el azul, el blanco y el rojo viven en la colonia Nápoles, y el verde, blanco y rojo en el Zócalo.
Araceli Ruiz Cabello