Yo sólo quería tener amigos con quienes hablar de sacos y calcetines: de la importancia de agremiar en pro de un futuro más elegante

El Mole Sartorial llega a su tercer año, pero la génesis de este evento tiene ya mucho más tiempo, se remonta a cuando, siendo más joven, tenía el gusto (que quizá todavía no ha desaparecido), de juntarme con mis amigos a hablar de Pokemon, mangas y videojuegos, una actividad bastante común y que quise mantener al convertirme en un adulto, pero con un cambio, lo que yo quería entonces era hablar de sastrería y elegancia.

Cuando comencé a interesarme en el buen vestir me pregunté si, así como existían grupos de personas que se reunían para hablar de autos, caballos, deportes, libros, etc., también existía uno para compartir por horas el gusto por la elegancia. En la búsqueda de la respuesta, viendo finalmente que no existían esas reuniones en nuestro país, terminé por formar un grupo por medio de una serie de reuniones, bajo el nombre de La Buena Quedada.

La Buena Quedada tuvo desde su inicio dos intenciones, crear comunidad y acercar a la misma al arte de quienes hacían la industria de la elegancia en nuestro país, dándoles un espacio para ponencias y presentación de productos; fue así como en La Buena Quedada contamos con la presencia del maestro Santana, SOLITO, UrBlack, del maestro Alonzo Trezzo, Soria, entre otros, a lo largo de los tres años que duró dicha iniciativa, luego la pandemia llegó.

A este punto pude comprobar con claridad la premisa de que en México había gente deseando reunirse para hablar sobre sastrería, elegancia, el buen hacer, y por ello nació el club México Viste Elegante, en donde un pequeño número de entusiastas nos reuníamos mensualmente para hablar de un tema: sacos, calcetines, pañuelos, etc. El embeleso por lo bien hecho y la tradición no faltaba, se crearon fuertes lazos que dieron impulso a la serie de eventos que vivimos hoy anualmente, de nuevo, todo iba avante. Como México Viste Elegante existía a la par de La Buena Quedada se enfrentó al mismo reto, la llegada de la pandemia.  

Un parteaguas fue la creación de la Cruzada Sartorial Mexicana, que, además de continuar con la labor de agrupar a gustosos de la elegancia, comenzó a agremiar a empresarios del ramo, haciéndoles recibir una mayor cantidad de clientes, lo que llevó a poner bajo el reflector una de las más grandes necesidades del medio, la de dar continuidad a la labor sartorial, crear escuela, heredar la tradición a las nuevas generaciones para que la sastrería mexicana continúe existiendo y crezca.

No quiero dejar pasar la oportunidad para recordar que, incluso con la importancia que tiene el incentivar a la industria, las reuniones impulsadas por La Buena Hechura tienen un motivo primigenio que no desaparece, este es el gusto por el buen vestir, no por algún otro pretexto como una boda, graduación, cumpleaños, sino por celebrar la vestimenta, cuya belleza ya es en sí misma razón suficiente para llenarnos de gozo, para hacernos unos genuinos diletantes, sibaritas si así le queremos llamar, de todo lo que envuelve ese buen vestir, ese bon vivant.

Como parte del esfuerzo por poner luz sobre el buen vestir se ha hecho ya tradición reunirnos para recibir y celebrar la llegada a la Ciudad de México de artistas de la elegancia, tanto de México como de otros países. Todo esfuerzo para unirnos es poco y, afortunadamente, es sinónimo de fiesta. ¿Cuántas fiestas habrá recibido el estudio de La Buena Hechura? Muchísimas.

Así pues, el Mole Sartorial se crea como la suma de la experiencia de años, de responder a la necesidad de agremiar, de expandir la conversación, de dar lugar a vínculos que han hecho nacer sociedades, relaciones comerciales y amistades.

El estilo mexicano, y en general el latinoamericano, se ha mostrado en todo su esplendor en el Mole Sartorial, que es todo lo ya dicho en forma de una fiesta que exalta nuestra identidad, algo único, y la reunión en torno a la elegancia y el buen hacer más importante de América Latina.

El próximo 2 de noviembre podremos corroborar una vez más que, juntos damos vida a este movimiento.

Vestir bien constituye, hoy en día, el verdadero acto de rebeldía.

Sinceramente:

A.J.