No soy un mesero, no soy un mago, no soy un vampiro, es mi frac: ¿me veo elegante o parece disfraz?

El vestir de forma elegante no es lo que está de moda, realmente quienes se decantan por este estilo lo hacen por convicción propia, ya sea simplemente por gusto o por conocimiento; el hecho es que al tratarse de prendas que en la actualidad relacionamos con otros momentos de la historia (aunque claramente no son exclusivas del pasado), se puede caer, si no se tiene la información necesaria, la experiencia y la mesura suficiente, en parecer que estamos disfrazados, que tratamos de imitar una época o a algún personaje. Por lo anterior es que en este espacio queremos compartir algunos consejos a seguir si lo que queremos es vestirnos de frac sin terminar siendo el vampiro interpretado por Béla Lugosi.

Hoy al hablar de “elegancia” nos referimos a la elegancia sartorial, porque, aunque hay otras formas de ser elegantes, establecemos esta media para que todos nos entendamos en este texto. Volviendo al tema y basados en lo que en La Buena Hechura hemos visto en años de experiencia, muchos se inician en la tarea de crearse una imagen llena de elegancia y sofisticación inspirados en algún personaje, real o ficticio, de películas o libros, lo que a veces da como resultado atuendos que no toman los elementos clave de la inspiración, sino que buscan “copiar” al personaje, y es así como un look se convierte en un disfraz.

Hay muchos que han visto en Mauricio Garcés una figura masculina indiscutiblemente sofisticada en la cual inspirarse, y terminamos viendo hombres con gazné, pelo sobradamente engominado y de últimas sosteniendo un cigarro cuando ni fumar les gusta. Cada uno puede hacer con su apariencia lo que quiera, pero en la búsqueda de la elegancia, la “copia” nunca será la opción.

Si hablamos de “copiar” de forma involuntaria a algunos personajes, la idea falla si tomamos en cuenta que muchos de ellos vivieron en épocas en las que su atuendo tenía características que respondían a la misma, y ahora lucen o son francamente anacrónicas; estas podrán tener presencia en un atuendo en casos muy especiales, pero siempre siendo cuidadosos.

Lo que queremos decir es que es válido inspirarse, sirve como guía, pero debe ser sólo eso, una guía, se trata de encontrar nuestro propio estilo, aquel que haga resaltar nuestra personalidad, a menos que no tengamos personalidad pero ese es otro asunto, ahí tendríamos que crearnos una y luego elegir el atuendo; pero el caso es que podemos tener referentes, sumar a nuestro guardarropa elementos clave como el uso de pañuelo de bolsillo, algún estilo de corbata, el tipo de reloj, algún corte de traje, etc., pero sólo eso.

Cuidar los accesorios

Arriba mencionamos el tema de los accesorios, los cuales, en algunos personajes, y en la actualidad en algunos influencers, tienen especial relevancia, son la firma en muchos casos, lo que ha llevado a no pocos a usarlos, hasta ahí todo bien, pero los llevan todos al mismo tiempo, ahí todo mal. Cuando se tiene experiencia y se ha trabajado la propia imagen en el mundo de la elegancia es fácil notar este error, pero si no se está en dicho punto nuevamente recomendamos mesura, pensar en el menos es más, contenerse, gobiérnense…

Otra cosa que hace de “copiar” un opuesto de la elegancia es que por lo regular esto nos lleva a sentirnos incómodos, porque no se trata de prendas y accesorios que respondan a quienes somos. La incomodidad la sentimos, pero los demás pueden verla y eso nos quita indudablemente el aire de sofisticación.

Los atuendos sobrecargados siempre tenderán a parecer disfraces, seguro todos podremos recordar a alguien que lleva el pañuelo, la leontina, el sombrero de copa y el conejo dentro de este…

Llegamos al final de este texto apuntando que vestir elegantemente sartorial tiene muchas posibilidades, y encontrar nuestro propio estilo es perfectamente factible sin caer en la imitación, basta con observar, ser prudentes y estar dispuestos a aprender y a investigar, ya sea por nuestra cuenta o por medio de alguna asesoría.

Me despido felicitando a los que han logrado tener el estilo de Bryan Ferry o de Frank Sinatra, y conminando a quienes han tratado fallidamente de ser uno de los Peaky Blinders y terminaron pareciendo un niño desamparado de alguna novela de Charles Dickens, a seguir intentando en el camino a la elegancia y el estilo personal.

Araceli Ruiz Cabello