(Sí, este no es un sombrero tal cual, y sí, este es el Quijote de mazapán de Toledo)

Los puntos y comas en el lenguaje del sombrero crean poesía: La personalización del sombrero

El sombrero es muchas veces, en el mundo de la elegancia, un imprescindible, pero no es el sombrero por el sombrero, estamos hablando de portar el sombrero perfecto, y ese, no es el mismo para todos en todos los casos.

Este texto va de elegir siempre lo que es adecuado para nosotros, en lo que toca a sombreros, en todo lo demás no nos queda sino desearles la mejor de las suertes y que no hagan más locuras de las necesarias. Lo anterior nos lleva ineludiblemente a hablar sobre la personalización que se requiere para lograr llevar el sombrero perfecto.

De la proporción

En episodios (textos) anteriores hemos hablado de la importancia de jugar y mantener ciertas proporciones para así lograr el mejor efecto sobre nuestro cuerpo con nuestras prendas, hemos puesto atención al ancho de las solapas, de las corbatas, a la altura y número de los botones, entre otras características, en esta ocasión el llamado es a atender el ancho del ala con relación a nuestro rostro.

Los sombreros de ala ancha son mucho más favorables para los rostros anchos, pues los alargan creando un agradable equilibrio entre la prenda y la fisionomía; por el contrario, los sombreros de ala algo más corta aportarán volumen a los rostros delgados logrando el tan ansiado equilibrio. La anterior es una premisa relativamente simple, pero en la historia de la búsqueda del sombrero ideal no lo es, pues la mayoría de los sombreros que podemos encontrar en el mercado tienen según el modelo, un sólo ancho de ala, por lo que no pueden ajustarse a la perfección a todo tipo de rostro, por ello es por lo que hablamos aquí de la importancia de poder personalizar nuestras prendas.

De la ocasión

Un punto que parece una obviedad, pero que muchas veces se olvida, es que debemos elegir un sombrero que se adapte a nuestro estilo de vida, a nuestras actividades. Podemos encontrar un sombrero que nos encante y nos vaya bien, pero no toda ocasión requiere del mismo grado de formalidad o diseño, por eso es importante contar con una selección adecuada.  En La Buena Hechura hemos recalcado muchas veces el efecto que la idoneidad tiene sobre la elegancia: el sombrero de tres picos (tricornio), va bien en el siglo XIX, el sombrero de frutas es un indispensable del carnaval (de algunos), e incluso en los niveles más exagerados, si se va a ser el héroe de la novela en lengua española más grande de toda la jodida historia, no se puede llevar otra cosa que no sea una bacía*.

De la forma de calar el sombrero

La forma en que preferimos calar el sombrero también hace una diferencia, cambia en cierta medida la apariencia que tiene el ala y, por lo tanto, el rostro; por lo anterior no todo tamaño de sombrero es para todos, lo cual resulta en un problema si pensamos en la mayoría de la oferta disponible en el mercado, que, por obvias razones, se decanta por la estandarización.

De los detalles en color

Las variaciones en la idoneidad según la ocasión no sólo se abordan con el diseño del sombrero, sino también con los detalles, como lo es la toquilla, la cual, según su color, puede transformar una pieza para el día en una para la noche (si es que el modelo es lo suficientemente versátil). La toquilla también habla de quien usa el sombrero, se trata de un detalle para nada mínimo.

Hasta aquí hemos visto que el sombrero perfecto es perfecto en cada caso, es único, porque quien lo usa también lo es, así que no debe minimizarse la oportunidad de personalización que, lamentablemente en la actualidad, no está del todo disponible; por lo regular encontramos sombreros que sólo responden a la moda y que incluso llegan a no ser útiles, lo que es una lástima porque, como ya hemos comentado en este espacio, las prendas deben estar al servicio del usuario y no al revés.

Cerramos esta entrada (sí, cerramos esta entrada), invitándolos a conocer la colección de sombreros que La Buena Hechura acaba de lanzar junto a Siete Jaguar. Crónicas del Estío es una colección cápsula que ofrece piezas con diferentes niveles de personalización hechas por manos mexicanas con los materiales más bellos, por lo que sólo se trabaja con campanas de paja toquilla provenientes de Ecuador, las más finas del mundo. La toquilla de todos sus modelos es de seda francesa, y los tafiletes pueden ser de piel, piel de becerro o de algodón absorbente. Si el cliente quiere agregar algún detalle en plumas, estas podrán ser de cualquier ave que deseen.

Nos leemos próximamente y espero que esa vez, de ambos lados de este texto, se esté utilizando no un fabuloso sombrero, sino el sombrero definitivo…. ah sí:

*Bacía: Vasija cóncava, por lo común con una escotadura semicircular en el borde, usada por los barberos para remojar la barba.

Araceli Ruiz Cabello