
Sí sí, pero ¿cómo llego a ser sastre?
¿Mi texto anterior sobre la formación del sastre nos dejó más dudas que respuestas? No, tampoco es para tanto, pero sí puso mucho peso en la cancha de quien desea ser sastre, en comparación del que, tal vez, tendría en el caso de quienes quieran formarse en cualquier otra cosa. Por lo anterior creemos importante seguir dotando a los interesados en entrar a dicho mundo, de información para forjar el camino que deseen seguir, aquella que les permita desarrollarse mientras se alcanza algún acuerdo sobre la forma eficiente, estandarizada y, probablemente, más ortodoxa de aprender y educar en el oficio…o no.
Esta vez tuvimos la oportunidad de platicar con el maestro sastre Manuel Espinoza, el mismísimo que formó, al inicio sin saberlo, a la sastre Fátima Santaclara; queriendo ir a la raíz, le preguntamos cómo fue que él se convirtió en sastre.
El maestro Espinoza nos contó que fue con su tío que comenzó a capacitarse, y como con él, se acercó a diferentes sastres a lo largo de su formación para aprender de ellos mediante la práctica, y fue así que encontró que entre sastres existen grandes diferencias y no sólo en estilo, sino incluso en la forma de trabajo y tiempos.
Sin buscar caer en los consejos infalibles, en este punto podemos decir que una recomendación durante el proceso de formación es acercarse a variedad de maestros, buscando enriquecerse de las fortalezas de cada uno; lo cual no eximirá, muy probablemente, de siempre tener en mente a aquel que fue “nuestro maestro”, quien nos marcó, básicamente, nuestro favorito.

Tras cinco años de práctica y experiencia junto a diversos sastres, el maestro Espinoza llegó a convertirse en maestro sastre. Sobre lo anterior nos comentó, sin hacer un juicio, que fue en Los Ángeles, California, mientras trabajaba en Beverly Hills, en donde sintió que realmente le era reconocido su valor como sastre…pero ahora volvemos a este tema internacional.
La capacitación del maestro Espinoza incluyó 10 años de trabajo en la Ciudad de México; se desempeñó como saquero en la calle de Madero, en el número 70, y también pasó por una etapa como operario.
…ahora sí vamos a Beverly Hills…en esta historia, porque ni visa tenemos.

El brillo que suele tener, cuando menos en lo económico, los Estados Unidos, para quienes vivimos en México, alcanzó al maestro, quien decidió emigrar al estado de California. Como anécdota sobre su decisión de mudarse queremos mecionar que alguien le dijo que ganaría algo así como 100 dólares por elaborar un saco, lo que sonaba muy atractivo, tal vez demasiado, porque al final no fue cierto, pero definitivamente el trabajo del sastre estaba, y está, mejor pagado en los Estados Unidos, por lo que pudo fijar su residencia en dicho país y hacer una carrera con reconocimiento en sastrerías de renombre de Beverly Hills.
La historia del maestro Espinoza se cruza con la de la maestra Fátima en la ciudad de Tijuana, lugar en que al pasar del tiempo, nuestro protagonista estableció su negocio, en un inicio para la elaboración de trajes, y posteriormente para la renta de los mismos. El cambio de giro se dio por las ventajas que encontró en el negocio de la renta de trajes; sobre esto el maestro nos hizo un comentario que dejamos aquí para todos aquellos que además de ser sastres piensen en hacer negocio de esto: una cosa es el trabajo y otra el negocio.
Lo anterior lo dejamos para la reflexión porque, sin duda, no es lo mismo dedicarse a crear prendas, que centrarse en lograr beneficio económico de ellas, digamos que son dos caras de la misma moneda, pero una no es la otra.

Sobre la maestra Fátima y su formación, el maestro nos comentó que, en efecto, en un inicio la visualizó como una ayudante, pero que ella misma con su perseverancia le hizo ver que las cosas podían ser diferentes, y que, sin duda, tenía potencial. Nos dijo que ella vivió un proceso de aprendizaje constante en el que semanalmente tenía un nuevo logro, lo que finalmente la llevó a superarlo en el oficio.
La conversación tuvo lugar en Tijuana, desde donde el maestro, con sus años y experiencia, describió el actual panorama de la industria sartorial como conmovedor; uno en el cual, además, nunca se deja de aprender.
Gracias por llegar hasta el final del texo; por acá nos encontramos próximamente para seguir contando y creando la historia sartorial de México.
Araceli Ruiz Cabello