Si escribo “unA sastre”, el autocorrector de Word lo cambia a “un sastre”…

¿Estamos avanzando?

Dar por hecho nos lleva a vivir en realidades extrañas y, muchas veces, en realidades falsas, sí, realidades falsas, esas en las que todo está claro para todos, las reglas están bien establecidas y las oportunidades son las mismas para todos; de ahí la importancia de comentar y aclararnos las veces que sean necesarias sobre cualquier tema, en esta ocasión, sobre el papel que las mujeres juegan en la industria sartorial.

Para dilucidar este tema hablamos con quien ha vivido la experiencia de cerca, la sastre Fátima Santaclara, quien nos platicó cómo es que se formó, cómo alcanzó el reconocimiento que actualmente tiene, y la forma en que, como mujer, se ha relacionado con sastrería.

Fátima nos comenta que su interés por crear prendas comenzó desde su infancia, y que su formación profesional la realizó en la Universidad Interamericana para el Desarrollo (UNID), en la carrera de Diseño Industrial del Vestido, en Tijuana. A este punto podría parecer que el camino en la formación como sastre está claro, pero la verdad es que no, por lo que hasta la fecha suscita muchas preguntas el cómo se llega a ser sastre; para bien o para mal, la Universidad del Sastre no existe…todavía.

Fátima cursaba la carrera y estuvo por dejarla por falta de recursos económicos para darle seguimiento, y fue así como encontró un trabajo en un establecimiento de renta de trajes, Juan de Marcia, en donde conoció al sastre Manuel Espinoza (posteriormente se convertiría en su suegro), quien se inició como sastre a la edad de 13 años en Michoacán, esto gracias a lo aprendido de su tío.

Tras formarse trabajando en un taller, Manuel Espinoza fundó el propio, en donde elaboraban trajes para sastrerías de Beverly Hills, y este fue el lugar al que Fátima llegó a trabajar, cuando en el sitio ya sólo se atendía a un cliente haciendo trajes a medida (por estar centrados en la creación de prendas para la renta).

Fátima comenzó a apoyar trabajando en algunos detalles de las prendas que se realizaban en el taller, a petición del maestro Manuel Espinoza. El tiempo y el avance en sus conocimientos al trabajar en el lugar le dejaron ver que estaba aprendiendo mucho más de sastrería en esta práctica constante, que en la carrera que cursaba.

Sobre lo anterior creo que muchos podemos decir que cuando estamos en la universidad hay un punto en el que no podemos integrar todo el conocimiento que estamos obteniendo y vernos triunfando en la vida con ello; creo que eso es normal en cierta forma, pero Fátima también nos comenta que en su carrera no veía que el desarrollo de algunas de las materias le llevara a lograr ejecutar tareas u obtener conocimiento que aportara de manera importante a su formación. Con toda honestidad Fátima nos dijo que todo lo relacionado con la costura lo aprendió tomando cursos y con el trabajo diario, fuera de la Universidad.

Aprendiz de sastre

Sin tener claro el papel que estaba jugando dentro de la sastrería en que trabajaba, Fátima se formó como aprendiz de sastre, esto sin darse cuenta. Comenta que dicho aprendizaje ocurrió mientras resolvía necesidades del maestro, pero no como parte de un proceso consciente de enseñanza, ella únicamente realizaba tareas precisas, sobre las cuales el maestro siempre fue muy exigente.

En Tijuana alcanzó reconocimiento por trabajar con Manuel Espinoza y así fue que le pidieron impartir cursos de sastrería…alto….en realidad a quien pidieron dar las clases fue a Juan de Marcia porque muchos pensaban (por costumbre o necedad), que en realidad quien tendría los conocimientos para impartir las clases sería él.

Las clases de patronaje industrial que Fátima daba se extendieron a lo largo de seis años, para lo que siguió capacitándose de forma constante (consultando bibliografía, con cursos, etc.); sus propias alumnas le pidieron dar cursos extra para completar su formación, dado que encontraron absolutamente enriquecedores sus conocimientos.

Cuando nuestra protagonista avanzó en su desarrollo docente esto planteó al maestro Manuel Espinoza la necesidad de capacitarla de manera formal, porque, al final, estaba su nombre de por medio (esto es algo que Fátima cree…y nosotros también), y porque a nadie nadie nadie de los nadies nos gusta quedar mal.

A la distancia el maestro Espinoza ha comentado que siempre pensó en Fátima como una ayudante, para él la idea de una sastre no existía; en su visión de aquel tiempo las mujeres eran ayudantes o tal vez pantaloneras, etc. Sobre esto Fátima nos comenta que en general el mundo sartorial se ha vuelto más accesible gracias a las herramientas digitales; para las mujeres el terreno también es menos complicado y ya no es para nada imposible ver mujeres sastres, tal es su caso. Pero no queremos terminar este párrafo sin decir que a veces, en este mundo del siglo XXI, en el que existe la tecnología, los videos de gatitos y de gente que se cae, le siguen preguntando si el sastre es ella o si las cosas en realidad las confecciona su esposo.

En su experiencia docente ha platicado con mujeres modistas que, con algo de rabia, comentan que no tuvieron en su época oportunidad de ser sastres por el rechazo de maestros que no podían aceptar formarlas como tales.


Es importante mencionar que la mujer de la que hablamos tiene entre sus credenciales el ser consultora para marcas de sastrería fuera de México, por ejemplo, en Perú; ha elaborado trajes para personajes de fama mundial como Franz Mazzetti, y recientemente estuvo en París en el Premier Vision Paris 2022, presentando una colección cápsula con tejidos de alpaca y vicuña, en la que participó en el corte y la confección de las piezas, esto de la mano de sastrería Firenze de Perú.

Un proyecto fuerte y necesario
Sobre su proyecto La Mano de Faty nos dijo que el objetivo es llegar más lejos con la enseñanza de técnicas de sastrería, y esto ha llamado la atención de un público, que, a veces sin saber gran cosa al respecto, puede aprender y mejorar mucho en esta área. Por nuestra parte recomendamos visitar su cuenta en Instagram, y si ya la conocen y la siguen, no perder detalle de sus consejos.

El mundo puede cambiar pero primero hay que entenderlo
Total que lo que podemos comentar, porque Fátima nos lo dijo, es que un sastre se forma realmente en un taller y que el perfeccionamiento lo da la práctica constante, las capacitaciones y el esfuerzo por entender a profundidad el estilo del maestro con el que se trabaja. También podemos comentar que en décadas pasadas este ha sido un mundo feo feo para las mujeres que deseaban convertirse en sastres, y puede seguir siéndolo si no entendemos todos que con ser una persona ya se puede uno convertir en sastre…y si se practica mucho se puede ser un gran sastre.

Para cerrar la entrevista, Fátima llama a las mujeres que deseen ser sastres a no desistir a pesar de que no sea sencillo, y a tener paciencia durante el proceso de formación.

Gracias a todos por leer esta entrada, escrita desde el conocimiento de que el mundo es como es y no como debería; pero siempre podemos cambiar, de preferencia para mejor.

Araceli Ruiz Cabello

P.D:

¿Que qué pasó con la carrera?  

Fátima la dejó antes de concluirla, su experiencia (ya comentada más arriba), le enseñó el camino que (cuando menos en la actualidad), debe recorrer un sastre para formarse.

¿Cómo crees que debería ser la formación de un sastre en lo académico?