
El tiempo no siempre lo cura todo, pero nos da prendas irrepetibles:
El vintage
Para crear y elegir nuestro atuendo podemos tomar simplemente lo que está de moda, o podemos hacer un viaje por insondables espacios que nos lleve a disfrutar de bellos lugares de los más “fancys” locales de venta de ropa vintage o a bucear en océanos de ropa que son parte de la clasificación “cosas que alguien no pudo llevarse a la tumba”.
Elegir vestir con ropa auténticamente vintage conlleva una serie de beneficios nada despreciables, nos da la oportunidad de tener algo único (porque es muy probable que dichas prendas ya no se estén produciendo), nos permite tener algo con valor histórico y nos deja oponernos al fast fashion, cosa que es muy importante por el bien del planeta y por el bien de todos aquellos que gozamos de llevar la contraria al mundo.
Pero el vintage también entraña algunas responsabilidades si queremos hacer de esta experiencia algo enriquecedor para nosotros y para nuestro guardarropa; es decir, hay que estar conscientes de que se requiere de experiencia y algo de investigación para saber que lo que estamos adquiriendo es auténticamente vintage, que el precio que estamos por pagar es adecuado y que sus condiciones son las óptimas para este tipo de prendas.
Para tener datos más certeros sobre el vintage platicamos con Nick Castro Hernández, especialista en el tema con experiencia de más de 20 años. Hablamos sobre la definición de vintage y nos contó que por norma este término se aplica en el caso de las prendas que tienen más de 20 años de antigüedad, sin embargo, apuntó que para quienes están más especializados en el tema, en estos momentos, el término vintage debe aplicarse a la ropa cuya aparición antecede a los primeros años de la década de los 80.
Sobre lo anterior hay que aclarar que existen dos términos que pueden confundirse con la palabra “vintage”; uno es “retro”, que habla de prendas con inspiración en diversas épocas, pero no elaboradas en las mismas, y el otro es “antigüedad” sobre el que Nick nos dijo que refiere a prendas anteriores a los años 20 del siglo XX y que dicha ropa suele tener diseños, cortes y condiciones que ya no permiten utilizarlas, pero que siguen siendo valiosas para el coleccionismo.

Pero pasando al momento práctico, ese en el que estamos listos para convertirnos en Oscar, el personaje de Plaza Sésamo que vive en un bote de la basura, y rebuscar entre la ropa del pasado y elegir las mejores opciones, es importante tomar en cuenta las siguientes recomendaciones que nos hizo Nick:
- Identifica, previamente a la compra, algunos cortes y diseños característicos de diferentes décadas (no me quieran vender algo bien galáctico del siglo XV porque pues no (esto es un ejemplo exagerado, pero un ejemplo)).
- Pon atención a los materiales que se empleaban en la elaboración de prendas en distintas épocas.
- Los estampados también pueden indicarte la década a que pertenece una prenda.
- El desgaste en las prendas debe guardar alguna relación con la década a la que se supone que pertenecen (si bien podemos encontrar prendas en muy buen estado de conservación, el paso del tiempo y sus efectos no pueden evitarse).
Un punto valioso para la identificación de la antigüedad y autenticidad de las prendas sobre el que Nick nos ilustró, fue el de la importancia de las etiquetas; nos comentó que en ellas existen tendencias en su diseño que indican el momento en que la prenda fue fabricada; hay épocas en que las etiquetas muestran el nombre de la marca sin más, otras en las que la tipografía muestra un trabajo bastante elaborado, algunas más en las que hay un trabajo de ilustración bastante interesante que hace de las etiquetas un valor más en la prenda.

Notar las diferencias en el etiquetado es una herramienta muy valiosa para datar una prenda, para ello además de la experiencia, podemos echar mano de búsquedas de referencias en internet, en donde existen guías del vintage.
Otro punto a tomar en cuenta al comprar ropa vintage es preguntarnos para qué la queremos ¿para coleccionarla? ¿para usarla?*, si en esta última pregunta la respuesta es “sí”, hay que pensar en que las prendas podrían requerir de alguna modificación para que nos queden de forma correcta, y dicha modificación no deberá eliminar las características que le dan valor; sobre este punto Nick nos recomienda tener a mano un buen sastre que pueda realizar las composturas necesarias partiendo del conocimiento de nuestro cuerpo y de la prenda.
*Nota que no va a al pie porque es muy muy importante: Hay prendas, que por su época de origen, tienen dimensiones o cortes que no corresponden a las actuales, porque el cuerpo humano se ha modificado con el paso del tiempo, y aquí hablaremos un poquito de Darwinismo de la elegancia: Hace 100 años caminábamos mucho más, pero con el paso del tiempo esta actividad disminuyó provocando que los muslos crecieran, el empeine se ensanchara y el pecho cambiara, lo que indica que los cuerpos eran más pequeños, de ahí la variación en cortes y tallas.
Para este momento a algunos podría parecer engorroso el proceso de adquirir algo vintage con responsabilidad y de forma eficiente, pero para otros cada paso es parte de un todo que hace una experiencia cercana a una aventura montados en el DeLorean de la ropa. También quisiéramos anotar que no deja de existir la posibilidad de comprar prendas vintage, retro o de segunda mano sólo por gusto, sin buscar autenticidad o cosa parecida, lo cual es otra experiencia y de ninguna manera lo demeritamos.
La conversación con Nick nos llevó hasta un paseo por su estudio de prendas vintage que dio como resultado “I was a tenage dandy”, una galería enfocada en la difusión de la elegancia vintage en la Ciudad de México. Nos mostró algunas de las prendas que forman parte del estudio, provenientes de décadas como los 70, 50, 40 o 30, con diferentes inspiraciones y características únicas, como aquella chamarra elaborada en suave piel en la década de los 70, y que en su versión masculina tiene un bolsillo oculto en el pie de cuello para guardar “la magia”, o una chaqueta militar de la época del presidente Dwight Eisenhower.


Sobre lo anterior hay que apuntar que en México cerca del 90 % de las tiendas vintage se enfocan en prendas cuyo origen es la década de los 90, en la cual la mayoría de la ropa estaba hecha en materiales sintéticos; además la rareza de estas piezas todavía no es tal, debido al relativamente poco tiempo que ha transcurrido desde su creación.
Las prendas que muestra “I was a teenage dandy” tienen la característica de estar elaboradas en un 95 % con fibras naturales, con un indiscutible cuidado en el detalle, lo cual se suma su valor estético e histórico, que son las cualidades que hacen preciado al vintage. El interés porque al público lleguen prendas en buenas condiciones, tanto de limpieza, como en cuanto a composturas, es otra firma de esta galería, que utiliza implementos especializados, de acuerdo a la época, para dar mantenimiento a la colección.

Para todos aquellos que quieran documentarse y así entrar de forma triunfal al mundo del vintage, Nick nos recomienda consultar la Enciclopedia Esquire de la moda masculina del siglo XX. La conversación que tuvimos fue una muestra más de que, como en cualquier noble oficio, el tiempo y la experiencia que este da, son fundamentales; los años que Nick ha pasado conociendo el mundo del vintage le han permitido reconocer en cuestión de segundos la antigüedad de una prenda con sólo ver su etiquetado, y saber sobre su historia.

Sobre lo positivo de decantarnos por la ropa vintage, no podemos irnos sin mencionar que su durabilidad es incuestionable casi en todos los casos, puesto a que llega hasta nuestros días, lo que ayuda a evitar la producción sin sentido de ropa que va y viene con la misma facilidad que un envase de caguama. Aquí algunos podrían cuestionarnos sobre el origen de dicha vestimenta, y de esto podemos decir que viene de todas partes, y con ello podríamos escandalizarnos, pero cuando menos yo, si viera de forma totalmente consciente cómo se fabrica la ropa de hoy, sentiría inmediatamente envidia de la relación dinosaurio-meteorito.
Después de este recorrido que ha puesto a prueba las normas espacio-temporales de la física, podemos decir que obtener algo vintage es siempre emocionante, cada prenda que adquirimos está, además de revestida de la pátina del tiempo, llena de la historia de cómo fue que la encontramos entre un mar de objetos (y de cómo se la ganamos a otra persona).
Espero que la próxima vez que salgan de cacería a una tienda, a una venta de garage o a un tianguis, encuentren vestimenta que sea el equivalente del arca de la alianza.
Saludos a todos y que tengan semanas llenas de cosas atemporales y únicas.
Si te interesa saber más sobre este tema no olvides seguir a iwasateenagedandy en Instagram para conocer su colección y adentrarte en este fascinante mundo.
Araceli Ruiz Cabello